viernes, 12 de noviembre de 2010

EL ALPINISTA


¿Qué crees tú que es la fe? ¿Cómo manejas tu fe? ¿En quién confías cuando todo lo tuyo va bien?¿En quien confía cuando todo lo tuyo va mal?.

Cualquiera que sea tu creencia en el Dios que haya en tu corazón, lee éste cuento, se llama El alpinista.

Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el Aconcagua inició su hazaña luego de dos años de preparación pero como quería la gloria para él solo, decidió hacer el asenso sin sus compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde y más tarde y no se detuvo para acampar sino que decidió seguir subiendo intentando llegar a la cima, pronto oscureció, la noche cayó con su gran pesadez, en la montaña ya no se podía ver absolutamente nada, todo era negro, no se veía nada, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes, subiendo por una pared, a solo 70 metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires, caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas como destellos menos obscuros que pasaban en la misma obscuridad y tenía la terrible sensación de ser succionado por el precipicio, seguía cayendo y en esos angustiosos momentos pasaron por su mente todos sus gratos  y aquellos no tan gratos momentos de su vida, pensaba que iba a morir, mas de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos, como todo alpinista experimentado,  había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima cuerda que lo amarraba por la cintura, luego de recuperarse del golpe y estando suspendido por los aires, en medio de la obscuridad no le quedo más que gritar:

-¡Ayúdame Dios mío! Oh Dios mí ayúdame!

De repente desde los cielos, una voz grave y profunda le contestó:

-¿Y qué quieres que yo haga?

-¡Sálvame Dios mío!

-¿Realmente crees que yo te pueda salvar?

-¡Por supuesto! ¡Dios mío!

-Entonces saca el cuchillo y corta la cuerda que te sostiene.

Ahora todo fue silencio, frío y quietud. El hombre se aferro a la cuerda y reflexionó.

Cuenta el equipo de rescate que encontró colgado a un alpinista, congelado, muerto, agarrado con fuerza, con ambas manos a una cuerda a dos metros del suelo.



Nota: Estas pequeñas historias llegaron a mí al escuchar un cd de un señor que se llama Carlos Barrera “El abuelo”, de igual manera en libros de superación personal se pueden encontrar con algunas variaciones.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario